TESTIMONIOS
P. Pedro Riquelme, Franciscano
Mi pequeño pueblo, La Ribera de Molina, ha sido una tierra evangelizada por los religiosos de la Compañía de Jesús y de la Orden franciscana. No obstante, los jesuitas eran más asiduos: siempre estaban presentes en las fiestas del pueblo dedicadas al Corazón de Jesús, en las misiones populares, en el tiempo de Adviento y de Cuaresma, etc. Semilla de su eficaz apostolado han sido las vocaciones que han surgido en el carisma de San Ignacio de Loyola y la simpatía, no menor, de estas gentes ribereñas por la Compañía de Jesús.
Dña. Amparo Muñoz Eiró, misionera seglar
Me llamaba muchísimo la atención la devoción del P. Molina a la Virgen, no hablaba nunca que no saliese la Virgen a relucir. Pero también, su devoción a la Eucaristía, el decir la Misa, el cómo consagraba, el cómo alzaba la Sagrada Forma, era un embelesamiento, una devoción que a mí me admiraba siempre y creo que él es el que más ha influido en mí en la devoción a la Eucaristía.
Hna. Dora Pardo Amplé, misionera seglar
El P. Molina deseaba llenar la sociedad de Dios, por ello buscaba llenar a los hombres de Dios. Siempre trabajó infatigablemente por cumplir su misión de pescador de hombres. Por eso mismo también creía en cada una de las personas que el Señor le encomendaba y depositaba en ellas toda su confianza. Gran celo ponía en la predicación de los Ejercicios y en el seguimiento de los ejercitantes, tanto a nivel personal como por parte de las personas que lo ayudaban.
D. Fernando Muñoz Betancur, empresario
Al Rvdo. Padre Molina lo conocí, en el año 1998, durante unos Ejercicios Espirituales en Boyacá. Me impactaron muchas cosas de él. Me habían dicho que era ya un anciano y que además tenía un cáncer Terminal. Esperaba ver a un ser que apenas podía caminar, pero me quedé sorprendido al ver a semejante hombre, erguido, caminando firme, pero sobre todo su rostro irradiaba alegría en todo momento. En dicho retiro la energía que mostraba en las conferencias la desearía cualquier joven. Nunca lo vi comer ni beber, no digo que no lo hiciera, pero hasta para eso era recatado.
P. Rafael Huerta Huerta, misionero
Conocí al Padre Molina en el año 1978. Dios se sirvió de una desgracia familiar para atraerme y vi cómo el Señor ya me rondaba. También había muerto hace poco Santa Maravillas de Jesús y leí una reseña biográfica en el periódico. Como me impactó mucho, compré el libro.
También leí en el mismo periódico el rótulo clásico de los Ejercicios Espirituales y fui a hacerlos en Pozuelo de Alarcón. Había bastante gente, muchos de ellos hoy son miembros. El Padre Molina me cautivó con su ejemplo, con su palabra. Salí muy contento, porque había conocido un mundo completamente distinto. Pero yo en un principio no tenía vocación sacerdotal, era mucho para mí. El Padre me invitó a ir a Cuzco.